
Camilo Torres se ha convertido en un punto de referencia, sobre todo para nosotros los cristianos en este angustioso y glorioso viraje de nuestra historia bimilenaria.
Es difícil hablar de Camilo en forma completamente desmitologizada. Sin embargo, no niego que Camilo se haya convertido en un verdadero mito; necesitamos buenos mitos.
Pero yo no quisiera que el cura colombiano fuera sometido a un proceso de mitologización, que sería explotado indudablemente por la oligarquía, que tanto odio demuestra hacia él.
Hay que hablar de Camilo con serenidad y con pasión al mismo tiempo. Yo quisiera solamente subrayar dos dimensiones de Camilo, que fácilmente se descuidan cuando se habla de él. Camilo era ante todo un cristiano profundo; aún más, un cura. Su biografía demuestra claramente que el cristianismo para él no fue una carga tradicional que se acepta por inercia, sino una libre opción. Su opción cristiana fue tremendamente lúcida. Encontró en el Evangelio una mística insustituible para transformar el mundo. Para él, el sacerdocio era la sublimación de ser cristiano.