Entre la intervención de la cromolitografía y estos primeros lustros del siglo XXI de cultura digital asentada median dos siglos escasos. Si consideramos el Bal Valentino de Jules Cheret, 1869, el arranque del cartel moderno –lo cual sería aceptable en Europa y no tanto Norteamérica-, apenas ha transcurrido siglo y medio, tiempo, en todo caso, suficiente para que en el mundo hayan aparecido muchas decenas de miles de carteles diferentes, bien comerciales o propiamente publicitarios, bien propagandísticos o institucionales. Hoy, cuando la expansión del sistema audiovisual parece arrinconar un débil medio de papel como el cartel, éste sigue vigente, aunque tanto hayan cambiado rasgos y utilidades, de forma que cada año se imprimen miles y miles de carteles buenos o malos. El ya viejo “grito en la pared”, sigue siendo, por tanto, un medio apreciado. Todavía un buen cartel turístico anima a realizar un viaje, un rostro hermoso a ver una película, aún nos emocionan una imagen y un texto sucinto que demandan justicia o piden atención a la niñez. Acudimos a una exposición, un concierto o una competición deportiva convocados por un cartel o buscamos en el supermercado el postre que hemos visto recomendado en carteles, todavía se re imprimen carteles de antaño que parecen eternos o que se recatan del olvido.
Frágiles, mal conservados, despreciados con demasiada frecuencia por los museos, expulsados como intrusos de algunos ámbitos que rechazan publicidad o propaganda tan visible, los carteles subsisten, se adaptan en si sencillez a nuevas modas o gustos y a nuevas tecnologías, ganan al ordenador e incluso al movimiento sin perder el muro, mantienen su sitio en un panorama de soportes publicitarios más y más complejo.
Tienen su historia. La tienen desde que asoma la imprenta, antes incluso, pero sobre todo desde que se configuran la sociedad industrial y la democracia liberal, en las que comienza a desenvolverse con comodidad. Esa sociedad y esa democracia han ido transformándose y el cartel ha ido caminando a su vez adherido a ellas, reflejando tanto la evolución del arte, del que algunos lo ven cual hermano menos, como la economía, pero también de las ideologías y de las culturtas.
Cartelesque han sido eficaces un día, cumpliendo su función de alertar, atraer e informar en algún lugar escondido o carteles que han llenado durante años el mundo, lo mismo dormitorios juveniles que estaciones de ferrocarril.
En las páginas que siguen va su historia. Resumida, desde luego, pero procurando rehuir el eurocentrismo y, siquiera en síntesis, acercarnos, por ejemplo, al cartel de Asia o Latinoamérica. Y no quedarnos en etapas ya conclusas sino abordar también el pasado más reciente e incluso el presente.
No oculto el origen académico de este trabajo, viene a ser el fruto de muchos años de impartir en la Universidad de Sevilla enseñanzas sobre la teoría y la práctica, pero también la historia, del cartel.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN. EL CARTEL DE XIX AL XXI
FUENTES
ÍNDICE ONOMÁSTICO