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Literatura, el arte de transformar la vida

Escrito por
Publicado en Cultura
Visto 105 veces
25
Sep
2017

Desde el nacimiento de la literatura, como hoy la conocemos, con Homero (c. 800 a. C.) el arte literario ha sido el elemento de transformación más eficaz en el engranaje social. No hay duda de que un oráculo fijado sobre una estatua de bronce erigida a Homero en el antiguo templo de Apolo en Delfos, “Dichoso y desdichado, pues naciste para cambiar cosas”, señala, al propio tiempo que el destino de Homero, el destino de su creación prodigiosa: la literatura escrita, el arte de la palabra que puede emplearse para cambiar las cosas en cualquiera de los dos sentidos: para bien o para mal. Dichosa y desdichada.


La Ilíada y La Odisea le dan a la literatura el carácter de un universo donde caben en su integridad los aspectos de la vida. En esas obras, que acreditan la genialidad creadora del cerebro humano, la Guerra de Troya es apenas el pretexto para exhibir, con precisión de reloj atómico, el catálogo de las pasiones humanas. Todas desfilan, sin excepción, por La Ilíada y La Odisea, y en esos dos libros encuentra la humanidad, por primera vez, el espejo fidelísimo en el cual puede reconocer su naturaleza y su rostro verdadero.


A partir de los libros de Homero la vida toma un rumbo humanista. Los dioses, que han dominado con mano de acero a los mortales, comienzan a cederles el paso. Prometeo, el dios rebelde, se pone del lado de los sumisos y violentados humanos, condenados a la oscuridad. Contra la prohibición de sus dioses superiores, Prometeo les lleva la luz. Hombres y mujeres pasan de subyugados a protagonistas, mientras que los dioses van desapareciendo. Esa es la primera gran transformación de la vida a que da lugar la literatura.


No obstante, la metamorfosis social generada por tamaño cambio, derivó del politeísmo al monoteísmo. Una de los obras más importantes y más influyentes de la literatura, La Biblia, le imprime carta de naturaleza al monoteísmo. De La Biblia nacen las tres grandes religiones monoteístas que hoy imperan en el mundo: la cristiana, la judía y la islámica, en torno a las cuales se han desarrollado las mismas guerras y las mismas pasiones que alentaron durante los tiempos del politeísmo.


Aquí surge la pregunta escéptica. ¿Para qué ha servido la literatura si el comportamiento humano parece ser hoy, con Trump, Obama, Netanyahu, Clinton, Blair, y el Olimpo Bilderberg, el mismo que era en los tiempos de Jupíter o Zeus, Palas Atenea, Hermes, y el Olimpo de los dioses griegos? La respuesta es que, sin la literatura, los humildes humanos, hoy como en la Grecia antigua, no tendríamos la luz para enfrentar la oscuridad con la que nos amenaza el desarrollo tecnológico y científico exorbitante, controlado por unos pocos.


Quizá estemos ad portas de una segunda gran transformación de la humanidad, anunciada por Karl Marx en su teoría del ocio creador, que sobrevendrá cuando el avance de la tecnología, e inventos como la Inteligencia Artificial (IA), sustituyan la mano de obra humana en la mayoría de los oficios y profesiones, como está empezando a verse. Se calcula que para el 2020 la IA habrá desplazado de sus trabajos a más de cinco millones de personas. Ese es un hecho que necesariamente deberá producir en la sociedad global un impacto revolucionario, que encauce el rumbo de la vida hacia la segunda gran transformación de la historia.


La literatura, el Prometeo que les quitó a los dioses del Olimpo griego el monopolio de la luz, y le transfirió el beneficio a los humanos, debe alistarse para repetir su hazaña, arrebatarles a los dioses del Olimpo Bildelberg el monopolio tecno-científico, y ponerlo al servicio de la humanidad para iluminar el camino hacia un mundo mejor, donde sean plenas la libertad y la democracia como manifestaciones del libre albedrío; pero esa batalla grandiosa que ha comenzado, podría perderse si los escritores y los pensadores no están conscientes de su misión prometeica en el momento histórico más decisivo. Del papel que juegue la literatura en las circunstancias actuales dependerá que vengan un milenio de luz, o mil años más de oscurantismo.

 

Autor: Enrique Santos Molano
Fuente: Le Monde

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